Cóctel de verdad
Cuando la Dictadura estaba a punto de morir en España,
voces corrían los más extraños imperativos. "Hay que definirse, hay
que definirse", gritaban. ¡Definirse!, palabra de pura emoción
socrática. ¡Cuánto quería yo entonces a esas voces!
¡Cuánto esperaba yo entonces de esas voces! Mas, cuando llegó la hora de
cumplir la hermosa promesa, la definición empezó a darse en los siguientes
términos: "Soy republicano." "Soy monárquico." Soy,
radical-socialista."
Ahora, aún encontramos jóvenes voces en
cuyos labios la palabra "definición" adquiere todavía temblores
místicos. "No estoy definido", dicen. No sé si inclinarme por el
fascismo o por el marxismo." (Resurrección de la Metafísica en nuestra
época. Fascismo, Marxismo: Absolutos en que, como en el de Schelling, todos los gatos
son pardos.)
A mí, particularmente, me parece excelente el definirse. Pero lo que hace esa gente no
es ninguna definición, como la que yo, en mi pobre ignorancia de las cosas
públicas, me imagino. Para mí, definirse es delimitar bien el contorno que nos
separa de los demás hombres y de las demás cosas. Para mí, la
definición es un modo de conocimiento. Por eso, en mi incapacidad de definirme de otra
forma escueta, lanzo aquí muy cerca las palabras que constituyen mi propia
definición intransferible.
***
Ante todo, definición de las cosas, delimitación de las cosas, pura y elegante
separación del contorno. Altura, anchura, espesor, duración.
Tengo las cuatro dimensiones que toda física que se haga estimar postula: tres para el
espacio y una para el tiempo. Las del espacio dicen que soy de estatura media, tendiendo hacia lo
alto; de angosta anchura, tendiendo hacia lo delgado; de espesor en armónico conjunto
con la anchura. Cabeza mediana, tendiendo a la pequeñez; frente ancha, tendiendo a la
ciencia. Ojos negros, oscuros. (Es uno de mis pequeños orgullos. Spinoza tenía los
ojos negros, oscuros. Véase la descripción de Colerus.) Nariz de extraña
contextura: armónica de frente, indiferente desde el lado izquierdo; aguileña,
judía, desde el lado derecho. (Es otro de mis pequeños orgullos. Una nariz
así es anuncio de grandes cosas.) Labios proporcionados, sencillos, con una ligera mueca
en la sonrisa (pequeño Jano bifronte de mi cara los labios: un lado mira a San José
y otro a Maquiavelo). Cara flaca, severa; infinitesimal aparato auditivo. Manos finas,
pequeñas, en perpetua ansia de pereza. Cuerpo largo, delgado, en perpetua ansia de
letargo.
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